TOMBUCTÚ 52 DÍAS A CAMELLO. UN CUENTO AFRICANO DE HOY EN CANARIAS

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"La sal viene del norte,

el oro viene del sur,

la plata viene del país de los Blancos,

pero la palabra de Dios, los hechos sabios,

las historias y los bellos cuentos,

sólo se les encuentra en Tombuctú"

 

El Canto de Griot

Recogido por J.R. de Benoist en su libro "Le Mali"

(Los griot son los miembros de la casta de poetas músicos depositarios de la tradición oral)

 

 

 

La mayoría de los actores que dan vida a los personajes de Tombuctú 52 días a camello residen en Canarias, pero proceden de lugares muy distantes. Compartimos unas horas  con ellos y nos hablaron, con una ilusión contagiosa, de este proyecto que se estrenará el próximo mes de abril.

 

 

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Para quien no sepa donde se encuentra la ciudad de Tombuctú, está en la zona sur del Sahara, dentro del territorio de la actual Mali. Era el punto de entrada al desierto y de reunión de los camelleros tuareg, quienes la fundaron en el año 1100 durante la dinastía Mandinga, fruto de una exigencia comercial que consolidó los intercambios saharianos y los del África tropical. Llegó a ser una gran ciudad con más de 100.000 habitantes de diversas etnias. El continuo tráfico de mercancías generó una inmensa riqueza económica de la que poco queda, pero también una enorme prosperidad cultural.

 

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Desde Tombuctú, las caravanas que se dirigían al norte debían afrontar el reto del desierto, semanas de penoso caminar, hasta los “puertos” situados en la costa septentrional. Travesías que han marcado la historia y la vida de millones de personas, los movimientos transaharianos continúan dándose desde tiempos remotos.

 

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Al leer la obra de Ghazali, pronto descubrimos que no nos va a llevar a esa ciudad milenaria. “Tombuctú, 52 días a camello”, la “T52”, es un simple trozo de madera que durante siglos marcó la ruta a seguir desde Zagora, la puerta del desierto, hasta el mismo centro geográfico de Mali, a orillas del río Níger. Hoy es una vieja señal que indica el camino de la huída, del desaliento, de las pateras.

 

La obra se estructura en cinco partes, un preliminar, la apertura y el final. A lo largo de la obra se su suceden 28 cuadros titulados, inspirado en la tradición oral de Zagreb y el Sahel. “Es una estructura similar a la de los cuenta cuentos”, nos explica el autor. “Ellos saben que su público está de pasó, así que procuran agrupar la historia en breves fragmentos con sentido para que todos pueden seguirla”. Las dos protagonistas, la mujer-señal y la chica sin nombre, están rodeadas de personajes que aderezan la pieza. Son personajes que a lo largo de la historia han pasado por esta señal y al entrar en escena crean situaciones contrapuestas, a veces cómicas. Es ese cruce de personajes, de mixturas, de historias, la que define el sur de este continente, su pérdida de identidad, su aislamiento de la otra África. De esta forma poética, Ghazali nos revela que el norte comienza en el mismo desierto. Un desierto que avanza y devora todo lo que toca. Un desierto cruzado por las fronteras invisibles, defendidas con armas. Las fronteras inventadas por los europeos, que secan el alma de África.

 

 

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La obra arranca con la llegada al legendario indicador “Tombuctú, 52 días en camello” de una joven embarazada que ha ido atravesando de forma clandestina diversas fronteras hasta Marruecos en busca de la Europa soñada y que regresa a su continente para recuperar un nombre, una tierra y una historia. Viene a parir el hijo del desierto para que la memoria renazca en él. Según su autor, su obra se parece a África y al desierto. Pensada para representarse en un espacio vacío y desnudo, su fuerza está en las palabras.

 

Lo primero que me cuentan los actores es que están muy satisfechos con su trabajo, que Ahmed Ghazali ha contado con elementos que han surgido de sus propias improvisaciones. El texto se ha adaptado para este estreno.

 

http://nuevasdramaturgias.blogspot.es/img/Ahmed.jpg Ahmed Ghazali: Yo no escribo el Corán. El texto tiene que tomar viva a través de los actores.

 

Fátima Luzardo: Nunca había trabajado con unos compañeros tan internacionales. Me gusta, en los ensayos se mezclan muchos idiomas, español, inglés, francés, árabe y wolof. Y no es una obra fácil porque su texto es poético. Conviven en él naturalismo y metáfora, por lo que necesitas entrar y salir de estos registros continuamente.

 

Ella es la única canaria del elenco. En la obra representa el personaje de la Mujer-señal. El personaje central y conductor de la trama. Es la tierra, la voz y la memoria de África.

 

 

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Pie de foto: Fátima Luzardo y Madeleine Diatta en una escena de la obra.

 

 

Para Madeleine Diatta, senegalesa de nacimiento, este proyecto es muy importante. Será la primera vez que se suba a un escenario. Su personaje es la Chica sin nombre, un papel protagonista.

 

Madeleine Diatta: mi personaje representa el dolor, la tristeza, la soledad, la violación.  Ella lo sufre todo. Para interpretar un personaje tan complejo intento estar en la piel de todas esas personas que salen de África sin saber muy bien a dónde van, muchas veces engañadas, y que perecer en el intento. Me produce emociones muy fuertes meterme en mi personaje, me hace llorar.

 

Fátima Luzardo: yo, en cambio, utilizo la estrategia opuesta. Intento mirar hacia atrás en el tiempo, identificarme con esa señal milenaria. Una señal que está perdida, sin función. Por eso, no intento transmitir una sensación de “pobrecitos africanos”, sino de un trozo de la humanidad que necesita encontrar un camino. Es el continente más rico y más pobre a la vez. Investigando en este pasado, me di cuenta que yo también soy berebere, que en África apareció la vida. Así que, lo que estoy contando, es también nuestra historia. Mi padre estuvo en el Sahara antes de que la entregaran y me contaba sus historias.

 

Winslow Iwaki hace el papel de Leo, el compañero de la chica sin nombre que termina muriendo en una patera. Me cuenta que sus padres, se conocieron en Liberia y vivieron allí hasta que comenzó la guerra en ese país. Tenía sólo 4 años. Se ha educado en Canarias.

 

Isabel Delgado: ¿Qué tienes en común con tu personaje?

 

Winslow Iwaki: Mi arraigo es más fuerte con el archipiélago que con África. Me identifico como inmigrante, pero no con las pateras. Conozco el tema por el trabajo que desarrollo en el centro de menores, donde van a parar los chicos que vienen clandestinamente. Conozco la realidad de esos chicos y la vivo a través de ellos.

 

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Pie de foto: Escena de la obra. Winslow y Medeleine durante la representación

 

Isabel Delgado: Me sorprendió mucho leer en la obra que los clandestinos se deshacen de sus identidades para que no los puedan identificar.

 

Winslow Iwaki: Los chicos que llegan al centro intentan engañarnos cuando hablan de su procedencia, para que no los deporten.

 

Ahmed Ghazali: Todo comienza como un juego, pero con el tiempo se convierte en realidad y ni ellos mismos saben quiénes son o de dónde vienen.

 

Isabel Delgado: Cuando hablamos de la chica sin nombre, me parece que el retorno de este personaje es muy ambiguo en el texto. La verdad podría ser que ella nunca salió de África. Sólo vemos el gesto de enterrar su nombre para no olvidarlo.

 

Ahmed Ghazali: Creo que es un retorno más simbólico que físico. Ella conecta con lo suyo y con todo lo que ha vivido en su viaje. Es algo que para mí es muy importante, no debemos caer en la trampa de creernos de algún lugar. Mi deseo es que África se enriquezca con todo, incluso con aquello que la ha herido como el colonialismo.

 

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Pie de foto: habitantes del pueblo Dogo, al que pertenece el personaje de la Mujer sin nombre.

 

Isabel Delgado: El nacimiento del niño es quizás, el surgimiento de esa nueva África.

 

Ahmed Ghazali: Podría ser.

 

Saleh Ould El Houssein Ould Oumar es un actor saharaui. Cuando se toca el tema del Sahara, Salhe se emociona, habla con fuerza, orgullo y claridad.

 

Saleh Ould: La historia del Sahara y Canarias es la misma, el pueblo del exterior que llegó fue diferente, nada más. A Canarias llegaron los españoles, al Sahara los marroquíes. ¿Qué hubiese pasado de ser al revés?

 

Isabel Delgado: ¿Por qué estudiar arte dramático?

 

Saleh Ould: Desde niño me gustaba el teatro y al final conseguí licenciarme en Argel, aunque me costó. Tuve que falsificar mi certificado escolar porque cuando salí del Sahara estaba cursando 5º de bachillerato y para poder acceder a la universidad tenía que haber aprobado el COU. También tuve que aprender un nuevo idioma, el francés.

 

Participó en el Festival de Agüimes con dos obras propias en 1990 y 1992. Y un día decidió venirse a Canarias.

 

Saleh Ould: Llegué con el antiguo carnet español. Aún estoy arreglando los papeles. Llevo aquí seis años. Estuve un tiempo aquí y allá, trabajando con directores españoles en documentales sobre el Sahara. Incluso, llegué a instalarme en Barcelona con la ayuda de la Asociación Payasos sin Frontera. Pero Barcelona no tiene nada que ver con el desierto y decidí venirme a Canarias. Me hubiese gustado vivir en la isla de Fuerteventura, pero no tenía posibilidades de encontrar el trabajo que me gustaba y terminé en Tenerife. Trabajo en un centro de menores como educador. Es una labor que me gusta porque notas los resultados.

 

Isabel Delgado: ¿Qué personajes representas en la obra?

 

Saleh Ould: En la obra represento varios personajes. Menos la mujer-señal y la chica sin nombre, el resto de los personajes se identifican como djinns. La tradición cuenta que bajo el río hay un país de espíritus, los djinns, diferentes entre sí y con su propio carácter, historia, preferencias y rivalidades. Los djinns tienen el control del mundo espiritual, pero interfieren también en el material. Estos djinns reviven durante la obra  en diferentes personajes que han pasado por África, en una especie de memoria energética de las heridas abiertas de África. Así doy vida por ejemplo al coronel francés y a uno de los tuareg. Los tuareg representan, para mí, la grandeza humana por ser el pueblo que más conserva su cultura.

 

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Pie de foto: Representación de Tombuctú. En escena Saleh Ould y Khaled Kouka

 

Entre los presentes, de origen magrebí, hay mucho interés por que ciertos conceptos queden claros. Existe una gran confusión cuando hablamos de los árabes. “Yo no soy árabe”, afirma Saleh.

 

Saleh Ould: Hay que dejar claro que, al hablar de los árabes, hablamos de una cultura, de una tradición, no de una raza, porque entonces sólo podríamos hablar de los de Arabia Saudí y los del Yemen.

 

 

 

Khaled Kouka: Tampoco hablamos de una religión, hay árabes musulmanes y árabes que no lo son.

 

Ahmed Ghazali: Los mismos árabes han provocado la confusión actual sobre el término al vender la idea del mundo árabe como una gran nación.

 

Junto a Saleh se sienta Khaled Kouka, un tunecino casado con una canaria.

 

Khaled Kouka: Conocí a su mujer en un festival de teatro en Túnez. Mantuvimos una relación a distancia durante un año, lo que me quedaba para terminar mis estudios de arte dramático. Después me vine a vivir con ella. De momento he trabajado en varias producciones como El Laberinto con la compañía Delirium. También estrené en el teatro Victoria un monólogo sobre el texto Informe para una academia, de Kafka. En esta obra interpreto diferentes personajes como el tuareg o el sargento francés.

 

Según nos confiesa, le cuesta mucho conectar como actor con los circuitos y productores de aquí.

 

Khaled Kouka: Es difícil ser extranjero en Canarias, porque el trabajo que te dan en las obras es de extranjero. El teatro que se hace aquí está dirigido a los espectadores, por lo tanto es muy evidente y realista.

 

Isabel Delgado: Ahmed, como dramaturgo, ¿qué diferencias ves entre el teatro europeo y el tuyo?

 

Ahmed Ghzali: Intento aprovechar la tradición e integrar el texto moderno europeo. Mi tradición teatral no es grecolatina. Mi tradición es oral, la de los contadores de cuentos. Europa ha perdido su contacto con los trovadores, en África lo conservamos. También veo que a la gente del sur de Europa no le agrada el estilo de Europa del norte. Allí los espectadores van al teatro a ver un espacio negro y permanecen callados durante dos horas. El mediterráneo necesita un teatro a su estilo, que interactúe con el espectador sin barreras.

 

 http://nuevasdramaturgias.blogspot.es/img/Portadatombuctu.jpg Portada de la edición del texto teatral de Ahmed Gazali.

 

Isabel Delgado: una de las cosas que más me gustan de tu escritura es que, a pesar de los temas que tocas pueden derivar en tópicos y discursos moralistas, tú te mantienes en lo poético. Es uno de los méritos para que recibiera el premio Aide à la création d’oeuvres dramatiques del Ministerio de la Cultura francés en el 2005.

 

Ahmed Ghazali: Fue algo que me planteé al escribir la obra, un texto encargado por la Assocition Éscritures Vagabondes francesa, en el marco del encuentro de autores organizado en Marruecos sobre las migraciones. Al remitirme a la tradición oral de mi país, me preocupaba que el cuenta cuentos tomara la palabra concentrándola en él y se volviese un discurso ideológico. Por eso, decidí que en mi obra la historia no fuese contada por un ser humano. La señal es la tierra, la naturaleza. Así, convierto a los hombres en seres pequeños, en payasos, frente a esa señal milenaria.

 

Isabel Delgado: La Historia se materializa en tu obra a través de otros personajes que aparecen. A veces personajes históricos, otros personajes de la tierra, todos vinculados a África.

 

Ahmed Ghazali: Sí. Así consigo la pluralidad en el cuento, porque no hay sólo una voz. Me gusta la tradición, pero sin hacer trampa, sin los problemas que trae consigo la misma tradición. Esos conceptos de poder como el padre o el rey. La tradición consiste en escuchar a la naturaleza. En esta obra es como si escuchásemos a la tierra hablando de nosotros.

 

José Luis: En esta reunión que hemos formado con personas llegadas de diferentes partes del mundo, me gustaría contar que justamente un día como este, el 14 de enero, hace 60 años, salí de Argentina para buscar un mundo mejor. Un viaje a la inversa, un camino opuesto.

 

José Luis de Madariaga interpreta los personajes del explorador René Caillié, el primero que llegó a Tombuctú y regresó para contarlo. También interpreta al Coronel Inglés, al turista y a un representante de la Unesco.

 

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Pie de foto: Representación de Tombuctú 25 días a camello. En escena José Luis, Saleh, Khaled y Winslow.

 

 

José Luis: Me gustan muchos los papeles que interpreto, todos muy diferentes. Además hablo varios idiomas. Tengo texto en inglés y en brasileño. Y he aprendido a decir algunas palabras en árabe.

 

José Luis se lanza a hablar en árabe con el beneplácito y las sonrisas de sus compañeros.

 

José Luis: Me gusta interpretar distintos personajes sin necesidad de caracterizarlos. Aquí nos gusta mucho que el público no sepa que un actor representa varios papeles. Se les cambia completamente para que no se les reconozca. Sin embargo, con Ahmed nos ponemos un sombrero y ya está.

 

Isabel Delgado: La obra se ha representado en Francia y en Marruecos. ¿Cómo fue la recepción del público?

 

Ahmed Ghazali: La acogida de la obra en Francia fue muy fría, los franceses se sienten atacados por todo lo referente al colonialismo. En Marruecos, en cambio, los espectadores reaccionaban ofendidos en la escena del policía marroquí que viola a la chica negra. En Marruecos se reniega de África, porque siempre se han identificado con el mundo árabe. Ahora que llegan clandestinos se nota el miedo y el rechazo, tal y como sucede en Canarias y en Europa. El nacionalismo crea el mito de lo “puro” en un mundo que es mestizo.

 

Isabel Delgado: ¿Qué esperas del público canario?

 

Ahmed Ghazali: En este montaje hemos encontrados elementos para conectar con el público Canario. Creo que les va a llegar. Estamos hablando de África, en estos debates que se están haciendo en el ciclo de CajaCanarias, y siempre nos referimos a ella en un tono trágico. Pero yo quiero decir que la gente africana es muy alegre, está llena de vida. Aunque su realidad sea muy dura, la gente no se olvida de reír, de celebrar en cuanto tiene oportunidad. Por eso, en el montaje se mezclan también las escenas de euforia con lo trágico. Mostrar esto, para mí, es muy importante.

 

 http://nuevasdramaturgias.blogspot.es/img/Escena4.jpg  La obra, se representó los días 24 y 25 de abril en el auditorio de CajaCanarias. No nos dejaró indiferentes y la ilusión compartida de este elenco de actores mestizos nos reveló lo que, queramos o no, es ya nuestro presente.

 

 

Publicado en el Suplemento 2C. Revista semanal de ciencia y cultura nº 384 de La Opinión de Teneride el 19 de abril de 2008

 

 

EL TIEMPO PASA . . .

...y lo que fue un descanso de fin de semana se han convertido en un largo paréntesis de seis meses.

 

Regreso a estas páginas con la intención de hacer más fluída la comunicación, creo que el blog es demasiado denso. Por supuesto, no dejaré de exponer mis teorías y publicar los artículos que aparecen en el Suplemento 2C de la Opinión de Tenerife. Pero me gustaría mantener otro tipo de relación con los interesados en la literatura dramática contemporánea.

 

Me he puesto en contacto con alguno de los dramaturgos blogeros y realmente encuentro muchas visiones interesante. Las sinergias son evidentes y debemos fomentarla, así que les invito a todos a colaborar en este blog para dar a conocer el TEATRO DEL SIGLO XXI. Recibiré y publicaré toda la información, artículos, ideas, textos, blogs y webs sobre el tema...

 

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Foto del último performace que presentamos en el IX Festival de Cuentos de El Sauzal en Canarias.

 

 

 

Una intuición para reflexionar:

 

"La crisís económica, moral y creativa que sufre nuestra sociedad puede suponer un nuevo auge en el mundo de la escena basado en el reconocimiento de nuevos autores y nuevas formas"

 

 

 

 

Blog de Isabel Delgado Corujo, actriz, dramaturga y directora de teatro

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